Dicen que nunca se olvidaba una actuación de James Brown. Porque más que simple cantante, se trataba de un autentico "animal de escena". Mandaba como nadie sobre su banda, que le seguía allí donde su genio le guiaba, cantaba hasta la extenuación, bailaba hasta rotura física, y también sudaba y gemia hasta la agonía. Porque ante todo, Mr. Dynamite se entregaba a su público como nadie lo ha hecho, llevando a su terreno a cada asistente y convirtiendo cada concierto en una experiencia extática inenarrable, más cercana a una sesión de vudú que a una celebración godspell.En 1962 ya hacía seis años que había debutado con su single "Please, Please, Please", y su éxito creciente en los escenarios no tenía su paralelo en las tiendas de discos ni en las listas de éxito. Decidido a cambiar esta situación, y tomando como ejemplo el álbum "In Person" (1960) de Ray Charles, Brown pensó que sólo un disco en directo sería capaz de mostrar su carisma a todo el mundo, y dar finalmente el gran salto a la celebridad. Venciendo todas las reticencias iniciales, grabó el que es considerado por muchos como el mejor disco en directo de la historia. Y es que lo de menos es la calidad del sonido, muy limitado por la primitiva tecnología del momento: lo que cuenta es la sustancia, la capacidad de transmitir, de traspasar el soporte para hacernos partícipes en el sofá de casa de la excitación máxima que se vivió aquella noche en el Harlem. Más que un recuerdo de algo memorable, sirve para instaurar en el oyente el deseo insaciable de haber estado allí.
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