martes, 19 de agosto de 2008

PJ Harvey - To Bring You My Love (1995)

En el rock todas las semillas dan sus frutos tarde o temprano. Y la semilla de pioneras tan grandes como Janis Joplin o Patti Smith no podía caer en saco roto. Aquellas luchadoras nos enseñaron cómo la mujer es capaz de encarnar el espíritu contracultural e indómito de una época. PJ Harvey vendrá a mostrarnos hasta qué punto esta lucha por la igualdad ha sido conquistada por las mujeres, aunque sea a un altísimo precio. Y es que Polly es en realidad una autentica llamarada de reivindicación y también un doloroso grito de angustia existencial. La música puede llegar a escocer y esta es la prueba evidente. En sus dos primeros intentos, áridos desiertos de sobrecogedora belleza, nos mostraba una faceta femenina casi inaudita en su mensaje. En este su tercer disco, sin embargo, se concedió la licencia de sustituir lo descarnado por lo sensual, una ambientación más pop y accesible. Pero ahí se acaban las concesiones. En realidad este contraste entre orquestación amable y rabia contenida provoca un afecto tan devastador en el oyente que no hay duda: estamos ante una obra maestra, que sobrepasa el techo del rock alternativo. Nunca el deseo sexual, la humillación, el crimen pasional, el éxtasis o el sadismo sonaron tan provocadores y angustiosos.


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