Hay muchos discos de debut impresionantes, pero pocos que capturen con tanta fidelidad y fuerza la esencia de un grupo como este. The Doors quedará para siempre en el subconsciente colectivo como prototipo de grupo de rock: transgresor, adelantado a su tiempo, provocador e incendiario. Y nadie como su líder, el carismático Jim Morrison, ha captado la urgencia adolescente por apurar de un trago toda la intensidad de la existencia. Urgencia frustrada que ansia autodestrucción, tan característica de esa "piedra rodante" eternamente insatisfecha.Este disco imprescindible, histórico, mezcla inconfundible de blues y psicodelia, es de los que ya nunca se olvida. Incisivo, simple y contagioso, esta empapado de esas visiones que querían abrir las puertas de la percepción lisérgica. Signo de una eclosión juvenil desesperada por cambiar el mundo, y testamento indeleble de su fracaso, no puede faltar en ninguna discoteca.
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