viernes, 11 de abril de 2008

Alice Cooper - Love It To Death (1971)

Cuando pienso en un disco de rock ortodoxo, un punto de referencia sónico, siempre me topo en la memoria con este autentico trallazo, puro zumo de mala leche concentrado. En este tercer trabajo, la banda de Vicent Damon Furnier (alias Alice Cooper, renombrada bruja del s. XVIII quemada en la hoguera) fichó al productor Bob Ezrin, que resultó clave para superar la mediocridad inicial y conseguir un sonido tan potente que se situó inmediatamente a la altura de Stoogies, MC5 o los mismisimos Led Zeppelin. Fue un éxito del Top Ten americano, preludio de muchos otros que vendrían después, y supuso el empujón que la banda necesitaba para situarse en lo más alto del Shock Rock, el mundo del espectáculo. Cada concierto pretendía ser lo más parecido a una pesadilla de sangre y tortura, sugestión necrofílica y mucho sudor. Esta provocación glam, envuelta por una ambientación gótica escalofriante, fue una novedad que convirtió a Alice Cooper en uno de los fenómenos de mayor éxito e influencia en la música contemporánea. Pero lo que aquí nos importa es que todo esto no sólo era una pose escénica, sino que consiguieron una combinación de rock'n'roll sureño, hard-rock, garage sesentero y actitud protopunk realmente excepcional. Los más macarras del barrio, seguro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ese profeeeee
te aconsejo buenos grupos para poner:
metallica, led zeppelin, guns and roses, judas priest, deep purple y megadeth



kirk hammett

tu alumno julen